"No quiero castigar a la humanidad doliente, sino sanarla..."
Rezar la CoronillaQuiero compartir esta pequeña página web como una forma sencilla de expresar mi agradecimiento a Nuestro Señor Jesucristo por su infinita bondad y misericordia en mi vida.
Hace casi 30 años, en un momento convulsionado de mi juventud, cargado de preocupaciones como las que cualquier muchacho podría tener, viajé desde mi casa en una ciudad del occidente de Venezuela hacia otra en el centro del país. Aquel trayecto, que normalmente duraba cinco horas, se convirtió para mí en un viaje de casi diez. Llegué agotado y antes de llegar a mi pequeña habitación de estudiante universitario, mientras el taxi pasaba frente a la iglesia, vi muchísimos carros estacionados. Recordé que era Sábado de Pascua, la Vigilia de Resurrección, y pensé que quizá podía ir a misa, aunque estuviera tan cansado. Así podría dormir todo el domingo para recuperarme.
Dejé mis maletas en aquella habitación diminuta con su pequeño baño, me puse un poco de perfume barato, una chaqueta, y salí rumbo a la misa con la única intención de complacer a mi mamá, que siempre me dice: "No dejes de ir a misa".
Al llegar, encontré la iglesia repleta y me quedé al fondo, entre las dos puertas de salida. Lo primero que recuerdo es una profunda alegría, un gozo interior que nunca antes había experimentado. Vi por primera vez a un sacerdote rodeado de acólitos y ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión alabando a Dios con una alegría que jamás había visto. Todos aplaudían y cantaban canciones que no recordaba haber escuchado, pero que podía tararear desde lo más profundo de mi corazón. Se me olvidó el cansancio y fue, hasta ese momento, la misa que más había disfrutado en mi vida.
El sacerdote -gran predicador y hoy un querido amigo- habló aquella noche, pero no recuerdo su homilía. Lo que sí recuerdo es esa voz interior, que sabes que no es tuya, diciéndome: "Miguel, ¿qué estás haciendo con tu vida?". Sentí por primera vez la necesidad de limpiar mi alma de tanto pecado. La única tristeza de esa noche fue que la misa terminó cerca de la medianoche y, como estaba al final, salí con la multitud. Más tarde supe que más de la mitad de la iglesia se quedó cantando, danzando y alabando a Dios hasta las tres de la mañana.
Llegué a mi habitación y dormí con una paz que no sentía desde hacía años. Y al día siguiente, de una manera que solo puedo describir como sobrenatural, a las seis de la mañana desperté con una energía increíble y con la necesidad urgente de limpiar mi alma. Sin saber qué me iba a encontrar, regresé a la iglesia y llegué a las siete. Para mi sorpresa, el sacerdote de la noche anterior estaba sentado en el confesionario y me hizo una señal para que me acercara. No recuerdo qué confesé, pero sí recuerdo su inmensa alegría cuando le dije que me llamaba Miguel.
Desde aquella noche de gloria comencé a descubrir el amor de Dios y su compañía. Por eso esta página es un pequeño homenaje a Nuestro Señor, con el deseo de que muchas personas puedan experimentar la salvación en su corazón mediante el rezo de esta corta, pero inmensa oración: la Coronilla de la Divina Misericordia.
El 22 de febrero de 1931, en su celda del convento de Plock (Polonia), Sor Faustina vio a Jesús vestido de blanco. Una mano estaba levantada para bendecir y la otra tocaba el vestido en el pecho.
De la abertura de la túnica salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. Jesús le dijo:
"Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá."
Santa María Faustina Kowalska
"El rayo PÃLIDO simboliza el Agua que justifica a las almas."
"El rayo ROJO simboliza la Sangre que es la vida de las almas."
La devoción ha pasado por el escrutinio más riguroso y cuenta con la máxima aprobación posible, siendo pieza central de la espiritualidad católica contemporánea.
La Congregación para la Doctrina de la Fe retiró las objeciones anteriores tras revisar los textos originales gracias a Karol Wojtyła.
Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y estableció la fiesta litúrgica para toda la Iglesia universal el 30 de abril de 2000.
El Vaticano estableció oficialmente el Segundo Domingo de Pascua como el Domingo de la Divina Misericordia en el Misal Romano.
San Juan Pablo II (Dives in Misericordia), Benedicto XVI y el Papa Francisco (Misericordiae Vultus) han confirmado esta devoción.
En 1959 se prohibió por traducciones erróneas del polaco que contenían errores teológicos. Karol Wojtyła inició la traducción fiel que demostró su ortodoxia.
Jesús prometió que el alma que se confiese y reciba la Santa Comunión ese día "obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas" (Diario, 699).
"Quienquiera que la rece, recibirá gran misericordia a la hora de la muerte" (Diario, 687). Paz para los moribundos y conversión de pecadores.
"Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá" (Diario, 48). Victoria sobre los enemigos del alma y defensa divina.
3:00 PM. "En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión" (Diario, 1320).
"A las almas que propagan la devoción, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido" (Diario, 1075).
Se reza con un Rosario común.
Comenzamos: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
En cada cuenta grande (antes de cada decena), rezamos:
En cada cuenta pequeña (las del Ave María), repetimos:
Al terminar las 5 decenas, repetimos tres veces: